Si Menorca suena así, será que vivimos en el rincón de tierra más bello que pueda existir.

Si Menorca suena así, será que vivimos en el rincón de tierra más bello que pueda existir.

La Banda de Música de Ferreries estrenó la obra «La Isla de la Luz» de manera magistral, dando a conocer a nivel mundial una obra cargada de sentimientos, matices y espectacularidad.

Llorenç Allès Camps,  FERRERIES  19/01/2013

Menorca suena de muchas maneras. El sonido del mar acariciando la arena blanca de las playas, el ruido de la tramontana cuando hace bailar pinos y acebuches a su son, la tonada de Fabiols, el sonido de los caballos en verano… Y desde ahora, Menorca también suena de forma sencillamente espectacular a través de «La Isla de la luz». La obra, compuesta por José Alberto Pina y estrenada por la Banda de Música de Ferreries, es un compendio de ritmos, melodías y, sobre todo, sensaciones, difíciles de describir con palabras, pero capaces de herir el alma de quien la escucha sin posibilidad de dejarlo indiferente.

«La Isla de la luz» dibuja tres menorcas, o seguramente muchas más. Comenzó rememorando la leyenda de Xoroi con unas melodías que transportan a quien las escucha al mundo árabe de siglos atrás. Uno se imagina danzas del vientre, encantadores de serpientes, piratas, mercados de especias … Una percusión exquisita nos contó cómo Xoroi quedó abandonado en la Isla y se escondió en una cueva, donde descubrió el amor de una joven menorquina. Unos pasajes ciertamente preciosos relatan con notas musicales la historia, la leyenda.

Banda de Ferreries

Después de Xoroi, llegó el segundo movimiento. En él, la música se eleva, hasta que las notas se colocan arriba, arriba, «Sobre las nubes». La belleza de este movimiento es indiscutible. Dicen que Pina quería describir las sensaciones que le provocó un vuelo sobre la Isla en avioneta, y por lo que pudimos pudo oír, quedó maravillado. Uno puede intentar imaginar los sentimientos que le despertaba nuestra roqueta vista desde el cielo. La música de este movimiento desprende grandiosidad, admiración, sencillez pero a la vez plenitud. Corriendo el riesgo de exagerar, es como si estas notas nos transmitieran la sensación que se obtiene cuando uno ve algo que le deja sin palabras, y simplemente tiene la sensación de que aquel momento, aquel pedazo de tierra, es único e irrepetible, y simplemente lo contempla disfrutando el momento.

Algún pasaje de este segundo movimiento es de aquellos que uno escucharía a todo volumen un sábado tarde en casa, sin más preocupación que dejarse llevar, descansar y disfrutar sin complejos de la música. Ciertamente, si Menorca desde las nubes suena así, deberían inventar unos aviones que pudieran ir con las ventanas abiertas, porque perderse estas melodías debería ser imperdonable.

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Y si el segundo movimiento ya fue prácticamente sublime, el tercero aportó la espectacularidad y la potencia. En «Los Gigantes», el compositor quiere recrear la construcción de los monumentos talayóticos a manos de estas criaturas legendarias. De hecho, el pasaje comienza con toques misteriosos, como si los gigantes despertaran poco a poco de un largo sueño y desfilaran hacia el campo, donde sólo les espera la piedra virgen. De repente, la música toma un ritmo trepidante, potentísimo, y uno se imagina las inmensas criaturas mitológicas trabajando la piedra, levantando las taulas y los talayots al ritmo de un látigo, o de unos timbales enérgicos. Es un movimiento grandioso, capaz de hacer sentir a quien escucha la majestuosidad de las piedras, los monumentos y de estas construcciones que todavía desprenden un aire misterioso y solemne.

Como no podía ser de otra manera, «Los Gigantes» tiene un final apoteósico, frenético y brillante. Con los metales como grandes protagonistas, y con un gran crescendo, los monumentos talayóticos quedan concluidos, y la Menorca de Pina, magistralmente descrita.

Este joven compositor tiene el don de saber crear atmósferas con gran facilidad. Es capaz de pasar de los toques árabes de Xoroi a la belleza más redonda de «Sobre las nubes», y culminar la obra con una energía espectacular. Y si a ese don se le suma la entrega de la Banda de Música de Ferreries bajo la batuta inconfundible de José Agustí Colom, el resultado es el de ayer. El público lo agradeció con una larguísima ovación y la entrega del público obligó a repetir «Los Gigantes».

Con un nudo en el corazón y en la garganta por esta maravillosa y mágica obra. Gràcies. Toni Vivò

Ninguno de vosotros debería dejar que su vida pasara sin escuchar en directo »The Island of Light». Álvaro Pintado

Fantástica obra! Te hace volar, te hipnotiza… Lali Allés

No he tuiteado antes porque no sabía exactamente cómo expresar lo que he vivido hoy. Silvia P.

No tengo palabras para describir lo que he sentido. Marta Pons

Que pasada tocar esta maravilla. Joan Mir

La música puede hacernos sentir emociones y sentimientos inimaginables, gracias José Alberto Pina. Pedro P.



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